lunes, 6 de marzo de 2017

Cómo elegir el periquito adecuado (IV) El periquito decorativo

Esta entrada forma parte de "Cómo elegir el periquito adecuado"

3) Busco una parejita  (son bonitos, para regalo, me gustan estos animalitos, se le ha muerto su pareja...)


Finalmente está el último grupo de los que empiezan a iniciarse con estas aves. Es muy fácil que con el tiempo se produzca la metamorfosis a uno de los otros grupos, al descubrir la compañía que ofrecen como mascotas, o al animarse a criar y sorprenderse con la multitud de colores distintos que pueden sacarse.

Polluelos haciéndose carantoñas
Podría definirlo como "periquitos decorativos", porque empiezas teniéndolos en la jaula, disfrutando simplemente de su presencia.

No es necesario dedicarles mucho tiempo: no hay que domesticarlos ni pasarse horas limpiando jaulas de cría y quitando plumas con la aspiradora.

Se pueden dejar solos en casa cuando te vas al trabajo o clase, o un fin de semana, porque entre ellos se hacen compañía.




  • Puede ser el caso de alguien que tenía una parejita y ha fallecido uno de ellos, y como el superviviente se ha quedado solo, echa de menos compañía. 
Si es un ejemplar adulto, es recomendable que el nuevo compañero no sea excesivamente joven (a partir de 4 meses), porque el nuevo tiene otros intereses (los pollitos quieren jugar inocentemente y los adultos buscan emparejarse) y puede que la adaptación cueste más.

Pese a lo que mucha gente cree, no es necesario que la nueva pareja sea del mismo color que el que falleció: aunque a nosotros nos parezca idéntico, sabrá que es un individuo distinto (es como si viéramos a dos personas distintas pero que llevan la misma ropa). Salvo que sea un gusto personal, por supuesto.



  • Luego está el habitual regalo de un periquito o una parejita. Si es un solo ejemplar, porque se busca que haya cierto vínculo con su dueño, recomiendo un pollo joven (ver caso 1). Si es una parejita para alegrar la vista a un amante de los animales, la edad de los mismos no es tan importante.


A veces el destinatario del regalo es un niño/a: tenemos que reconocer que un pájaro no ofrece las mismas posibilidades de juego o compañía que un perro, gato, conejo o cobaya.

Las aves son delicadas y si el niño es muy pequeño puede intentar agarrarlo para acariciarlo y escaparse volando o sufrir daños al apretar demasiado, por no hablar del susto que puede dar si suelta algún picotazo aunque sea suave.
Incluso si es un pollo criado a mano, puede ser frustrante para el niño que el pajarito no vaya cuando le llame, no pueda acariciarlo mucho rato o tenga que sujetarlo de cierta manera.

Un polluelo es frágil, si al manipularlo se cae, al no volar aún el golpe puede ser fatal

Yo aconsejo que el niño/a ya sea algo más mayor, que sea consciente de los cuidados que necesita y aprenda a cuidarlos primero desde fuera de la jaula (poniendo comida, limpiando los barrotes, aprendiendo a tratarlos con suavidad y sin meterles objetos entre los barrotes para asustarlos y hacer la gracia).

Si empiezan aprendiendo a observar a una pareja en la jaula, conociendo cómo se comportan, puede ser maravilloso que más adelante vivan la experiencia de la crianza, siempre con supervisión de un adulto. Que vean cómo la hembra prepara el nido, aprendiendo a esperar que incube los huevos sin molestarla, ilusionarse con la eclosión, pueden hacer un diario del crecimiento de los pollitos con sus plumas de colores hasta que salgan del nido.

Un seguimiento de cría es la mejor forma de aprender ciencias naturales.

Y en algunos casos, también ver el lado crudo pero real de la vida al ver que los huevos están vacíos, o la decepción al conocer que algún pollito se muere o es atacado, porque estas cosas también suceden. En vez de hacer un mundo y generar traumas, es una oportunidad única para no sobreprotegerles y enseñar cómo funciona la naturaleza.


  • La voladera es otra opción para los amantes de los periquitos. Consiste en comprar o fabricar una jaula de grandes dimensiones para meter varios ejemplares y disfrutar de su interacción. No con la intención de criar, sino de tenerlos especialmente en la terraza o una zona de la finca o parcela. Si se ponen unos bancos o sillones te puedes pasar las horas viendo cómo vuelan, juegan, cantan y se emparejan.
Una jaula grande donde caben unas pocas parejas.
Necesitan espacio para volar y varios comederos

Si se ponen nidos hay que  ser conscientes de los pros y contras: es fácil que críen pero pueden haber peleas entre ellos. Se puede duplicar el número de ejemplares en pocos meses. Y el gasto en comida también se incrementa...

Para disfrutar del espectáculo visual que ofrecen los periquitos y su carácter juguetón, se pueden tener dos o más individuos (mejor si son número pares). Pueden convivir perfectamente sólo machos (una jaula con dos machos si no se tiene intención de criar), pero si no te cierras puertas y quieres ampliar la familia, es mejor una pareja. Evita dos hembras (salvo que se hayan criado juntas) o más hembras que machos en jaulas pequeñas/medianas y no les pongas nidos si no quieres criar o tienes una voladera. (No necesitan los nidos para dormir, no son sus camas).



El color, dependiendo de los gustos del comprador, lo habitual es que si se tiene una parejita o un grupo, sean de colores diferentes para distinguirlos fácilmente.

Y para ir acabando, la edad también es variable, pero aconsejo desde los 4 meses en adelante. Si se quiere criar, menores de 3 años, pero para hacerse compañía en pareja o una voladera, pueden tener varios años de diferencia.



Espero que estas entradas te hayan sido de utilidad para conocer las diferentes formas que existen de tener periquitos, cómo se pueden buscar cosas tan distintas de una misma especie animal; y si es tu primer acercamiento con los periquitos, tomar los pasos adecuados para encontrar lo que más se ajuste a tu modo de vida.


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